Y Llutxent se embriagó de música…

Y Llutxent se embriagó de música…

E ste año de 2013 iba a ser diferente. El Maestro Collado, alma mater del Festival Internacional de Música Clásica Villa de Llutxent nos había dejado aquel fatídico 12 de marzo en el que recibo la llamada de un amigo: «El Maestro ha muerto».

No hacía falta ponerle nombre. Ni apellidos. Era El Maestro. Sin más. Lo demás lo llenaba él con su arrolladora personalidad. Y para los simples aficionados a la música que no tuvieron ocasión de conocer al Maestro como persona, con su peculiar, única e irrepetible forma de dirigir.

Única e irrepetible, pero… El Maestro sembró y la semilla dio sus frutos, y de ellos pudimos deleitarnos todos los que allí estábamos con otra forma de dirigir, en nada lejana a la del homenajeado. Eran Marcos Mompó, José Escandell y Aurelio Chorro. Pero entre ellos, una brisa de esperanza sobresalía. Su nombre: Rafael Rosell Toledo, dirigiendo la Obertura del Oberón, de Weber, quien al igual que el Maestro Collado, es valenciano, e hijo de director y compositor, cuya dirección pueden contemplar y disfrutar en el vídeo que ilustra este artículo.

Destaco lo de compositor porque no en vano, la última pieza que pudimos escuchar en la calurosa noche del 13 de julio en el atrio del remozado viejo monasterio del Corpus Christi fue un precioso minueto compuesto por el padre del Maestro, don José María Cervera Lloret. Fue el amigo de la infancia y director, Pascual Balaguer, quien en último lugar dirigió la 7ª Sinfonía de Beethoven, la preferida de don José María.

Miento. La última la codirigió el propio Cervera Collado. Y lo hizo cuando acabado el concierto el público pedía más. Tras casi 15 minutos de aplausos, Balaguer tomó la batuta, inició el minueto y dejándola sobre el atril cedió la dirección a padre e hijo, Cervera Lloret y Cervera Collado, quienes hicieron que los instrumentos sonaran «como los ángeles».

Fue la apoteosis final de un concierto de los que se disfrutan muy pocos en la vida. Lo protagonizaron músicos, familiares y amigos del homenajeado, a cuyo frente estaba el eterno -esperemos, por el bien de este Festival- alcalde de Llutxent, junto a la viuda del músico, compositor, profesor y director fallecido.

De Llutxent, al Cielo. Del Monestir, a la Gloria.

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