Detroit: la que se avecina

Detroit: la que se avecina

L a antaño muy industrializada ciudad de Detroit, en la mismísima frontera entre USA y Canadá parece que anda algo pachucha, la pobre. Lo de pobre no lo digo de forma peyorativa. Lo digo como pura, puta, cruda y vomitiva realidad. Los sucesivos desgobiernos de la izquierda norteamericana -el Partido Demócrata, del progre Obama, que manda desde principios de los años sesenta- han convertido en un erial lo que fue ejemplo vivo del “sueño americano” gracias a la industria del automóvil. Las marcas más afamadas en ese sector empresarial tenían su sede en Detroit.

La crisis del petróleo de 1973 supuso el punto de inflexión entre la pujanza y la ruina. La industria japonesa, de la mano de Toyota o Nissan, comenzó a eclipsar la que ya empezaba a ser obsoleta industria automovilística norteamericana. Se empezaron a perder puestos de trabajo, por la bajada de las ventas de turismos, y el gobierno central inició una suicida política de subvención de lo que ya era ruina.

La administración local en lugar de adaptarse a las nuevas circunstancias continuó elevando impuestos y tasas a la vez que aumentaba los puestos de trabajo públicos y engordando los puestos políticos y, por descontado, la galopante corrupción que ha llevado al último alcalde de Detroit a ocupar un precioso chabolo de 3×2 en la penitenciaría de Míchigan. La población productiva acabó por emigrar a otros lugares donde los impuestos no fuesen tan altos. Y así se llega a la actual situación, con una tasa de paro de más del 20% de la población activa y un porcentaje de casi el 90% de vagos y maleantes atraídos por las políticas “sociales” de la ciudad y por los precios de la vivienda tras la explosión de la “burbuja inmobiliaria”. Una casa se puede encontrar en la Detroit actual por 100 euros. No me he equivocado. He dicho 100 euros. Y todo ello acompañado de miles de viviendas abandonadas, semi derruidas, que sirven de “oficina” a traficantes de drogas y de cobijo a indigentes varios, mientras los comedores sociales acogen diariamente a miles y miles de personas.

No sé si todo esto le suena familiar a alguien, aunque hay cosas que aún no entran en nuestra occidental y muy progre cabeza. Como a un “jornalero” de Andalucía o de Extremadura se le quite el PER, o eliminemos el plan PIVE, o las subvenciones a las renovables, o a los bancos, o a…

La única diferencia entre USA y España (o lo que va quedando de ella) es que allí la población más problemática, inadaptada y violenta es la de los afroamericanos (descendientes de los esclavos negros), y aquí es la de los gitanos y moros. Hoy día más la de los moros, sobre todo por volumen. No hay esquina en ciertas ciudades donde no haya dos de ellos “informando”. No hay barrio en esas ciertas ciudades donde si han entrado moros o gitanos, los demás han salido a escape. La Policía las llama “zonas comanches” donde no patrullan ni por equivocación. ¿Racista? No. Otra cosa que rima: realista.

Ya sabemos lo que nos espera. Ahora, a mitad de camino de la que se avecina y cometiendo exactamente los mismos errores (Gracias ZP. Gracias Mariano) la España de dentro de nada será la Míchigan de hoy.

Lo dije en su día y lo reafirmo hoy, aunque entonces supusiera que los “progres” me acusaran de no sé cuántos delitos, entre ellos de genocidio: si en alguien hay que inspirarse para acabar con la enfermedad que nos  hemos inoculado es a los Reyes Católicos. Ellos sí supieron cortar por lo sano mandando a moros y judíos lo más lejos posible, y sin billete de vuelta.

Entiéndaseme… O ellos o nosotros. Y cuanto antes, mejor.

FJ Mora

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