Tontos por añadidura…

Tontos por añadidura…

Q uien me conoce sabe que lo mío no es el fútbol. Sinceramente, no lo es ningún deporte. A pesar de ello, en contra de mi voluntad, ando enfangado en eso de las pesas, mancuernas, sentadillas y demás mariconadas de toda índole -a falta de tirar al suelo de las duchas la consabida pastilla de jabón. Lagarto, a poder ser, para que sea un clásico-. Eso no ha llegado. Si ocurriera ya contaría con pelos y señales, previa censura, la experiencia, una vez consiguiera sentarme sin necesidad de flotador ante el ordenador.

Lo del gimnasio no es por gusto, como comprenderá el lector del rejuvenecido viejo Tontolín, sino por salud y, por qué no, por pura coquetería. A estas alturas está claro que no me voy a convertir en un chulazo de playa, pero igual si consigo verme el pitorrín sin necesidad de espejos, la autoestima suba y otras cosas también, que moverse es bueno para el riego sanguíneo, incluido el que llega a semejante colgajillo.

A vueltas con el balompié, que es como debería llamarlo el común de los mortales hispanohablantes o hispanoparlantes, estaba con la mosca detrás de la oreja al escuchar en estas tierras extrañas, allende el mar Cantábrico, la conversación de unos compatriotas hablando sobre Lorca. No diré el sitio concreto porque no me di a conocer, como suelo hacer cada vez que oigo hablar (chillar) el idioma de Cervantes, porque hay que ver lo que chilla el español medio, y lo molestoso y molestero que es, para que luego nos quejemos de los guiris de Benidorm o de los borrachuzos que decoran las aceras de las Baleares con potas, cagadas y meadas ante la pasividad de la autoridad competente, que para eso llevan estos piratas salvajes Libras Esterlinas a la Madre Patria, la madre de todos los camareros de Europa…

Hace escasos años, cuando conocí al chino que tuvo a mal comprar el entonces Lorca-La Hoya (o al revés) advertí la animadversión del aficionado lorquino -el mismo que no va al campo de fútbol ni aunque le regalen la entrada y un güisqui doble- ante tamaña ofensa. ¡Un chino dueño del Lorca! Lo comprobé en Twitter, cuenta que para mi salud y bienestar procedí a cancelar un día que me levanté con más luces que de costumbre. En aquella cuenta ya fenecida tuve la osadía de opinar (que ya digo que no tengo ni repajolera idea de esto) sobre la posibilidad de aunar esfuerzos entre los dos equipos más importantes, el Lorca Deportiva y el de La Hoya; hacer de dos uno, reforzar la cantera y, todos a una, pactando el nombre del nuevo equipo, a conseguir triunfos por los campos de Expaña y elevar a Lorca a la categoría que se merece, futbolísticamente hablando: Regional Preferente, me temo.

No sé si existirá todavía esa denominación. Lo que tengo claro es que si ahora mismo tenemos dos equipos, uno en segunda y otro en segunda B, ambos casi el farolillo rojo (con perdón por lo de rojo) de su categoría, salvo que la conjunción planetaria de las vírgenes más destacadas sacadas en rogativa por el puente de la Torta haga efecto, Lorca entera, dividida como lo están los blancos y los azules (con perdón por estos últimos), va a seguir haciendo el más espantoso de los ridículos, partido a partido, y todo por culpa por la mentalidad de garrulos que la Lorca profunda, y la otra también, mantiene desde los tiempos del moro Muza, e incluso me atrevería a decir que desde algo antes también.

Dicho lo cual, tras las discusiones de Twitter donde me dijeron de todo menos bonico (que no lo soy), ahora me toca decir a mí eso de… ¡OS LO DIJE, IMBÉCILES!

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