La ¿estafa? del recibo de basura

La ¿estafa? del recibo de basura

S e comenta mucho estos días sobre una posible estafa a los ciudadanos en el recibo de recogida de basuras en toda la Región, incluyendo Lorca. Lo hacen a raíz de la publicación de un estudio realizado al respecto por un catedrático de la UMU llamado Bernardino Benito López y su equipo de colaboradores.

No digo yo que sea una chorizada quijalera y zambombera la factura con que cada dos meses nos obsequia el Excmo. Ayuntamiento. No lo digo porque para eso habría que tener unos datos de los que ni dispongo ni ganas de tenerlos, que para eso están los concejales -todos los concejales, no sólo uno-, porque para eso se les vota. Y cobran sus buenos dineros. Todos y cada uno de ellos: para que controlen, denuncien y fiscalicen la labor de gobierno municipal y funcionarial.

Observará el lector que existe una diferencia de 7 euros por habitante entre lo que estos señores dicen que cuesta el servicio de recogida de basuras y lo que el Ayuntamiento cobra al ciudadano. Con matices en Lorca, porque en Lorca la empresa que recoge la basura es Limusa y Limusa es plenamente municipal. Una empresa creada por el fenecido Miguel Navarro para, me aseguran y justifican con nombres, apellidos y parentesco, poder colocar a «los suyos» sin cortapisas.

Anteriormente, el servicio lo realizaba Ingeniería Urbana, donde estaba controlando «Antonio el de las basuras», fallecido hace muchos años y marido que fue de Cari Arcas, ex presidenta de las damas nobles del Paso Blanco. Ingeniería Urbana, cuya oficina -porque había una oficinilla con dos empleados. O con tres. Lo mismo me da- en el Hoyo Musso, donde anteriormente estaba el lechugar de la Peraca, se encargaba de cargar al Ayuntamiento la factura de basureros y barrenderos en la época en que estos últimos, que antes eran funcionarios, iban jubilándose e incorporándose nuevos a Ingeniería Urbana, ya sin el «paraguas» del funcionariado.

Eso sin remontarnos a los años 60, cuando el tío del carro, tirado por una burra, iba casa por casa recogiendo la basura en cubos, sin bolsas, porque eso de las bolsas sólo se veía en las películas de Elizabeth Taylor. Lo hacía por la mañana, de tal forma que las noches eran plácidas, como debe ser, salvo el vocerío que, de vez en cuando, lanzaba el borracho Marcelino o Jesús el Zapo peleándose con su propia sombra que lo perseguía sin piedad… El tío del carro no le pasaba la factura de su trabajo al Ayuntamiento. El tío del carro, me decía el olvidado alcalde Doroteo Jiménez, le pagaba al Ayuntamiento por permitirle disponer de aquel oro oloroso que él convertía en dinero del Banco de España.

Hoy, lo que nos persigue con aún menos piedad es el recibo desorbitado de la basura, unas oficinas escandalosas llenas de empleados, la mayoría inútiles, enchufados por el «poder», que se dedican a leer el Marca -el que sepa leer- en sus horas de trabajo. Hoy, la plantilla de basureros y barrenderos es claramente deficitaria, gracias a los sindicatos, más empeñados en las 16 o 17 pagas anuales, que he perdido la cuenta… derechos y pocos deberes de los ya contratados -a dedo en su inmensa mayoría, por no decir todos-, evitando así la entrada de otros más capaces y con un sueldo más acorde al de un barrendero/basurero que al de un médico, que es el que tienen. Hoy, Limusa le pasa al Ayuntamiento una factura equivalente a 43 euros por ciudadano y el Ayuntamiento le cobra a ese ciudadano 50 euros. Hoy, el Ayuntamiento «subvenciona» a Limusa con ocho millones de euros anualmente, casi nueve, para cubrir el «déficit».

La cuenta parece clara: si en Lorca hay 90.000 habitantes y a cada uno le cobran cada mes 7 euros de más -porque la factura de la basura se cobra por Aguas de Lorca en el recibo del agua potable, alcantarillado, depuración y demás-, alguien ingresa cada año la cifra de 7.560.000 €, del que deducirán sustanciosos gastos de cobro y otros conceptos… El resto, vía impuestos, se suma al elefante que es Limusa, cuando debería volver a ser pollino para dar un servicio en condiciones a un precio razonable, como hacía Antonio el de las basuras, mismamente, por comparar empresa con empresa y no empresa con tío del carro.

En Lorca, la cuenta del excelso catedrático no sirve. Hay que hacerla de otra manera, sabiendo qué beneficio hay por almacenar en la ciudad las basuras de otros municipios. O por el reciclaje de papel, metal y plástico. Sin contar los residuos orgánicos, fuente de metano o abonos. Sólo con estos últimos, aquel tío del carro de los años 60 y 70 vivía y pagaba al Ayuntamiento. Eran otros tiempos en los que la burocracia era mínima y entre Diego Lumeras – al que nadie ha dedicado una calle todavía-, el alcalde de turno y Laureano Ibáñez manejaban las riendas de toda una ciudad donde se vivía, seguramente, peor que ahora. Si es que eso es posible…

Lo que está claro es que en Lorca el montante real del servicio de basuras es muy superior a esos 43 euros. Yo hablaría, corrigiendo al excelso, de entre 50 y 51 euros, que es lo que cobra el Ayuntamiento al ciudadano..

La diferencia de 7 € entre lo que cobra el Ayuntamiento al ciudadano (50 euros) y los 43 € que afirma Benito que es el coste real, es de de 7.600.000 €/año. Todavía el Ayuntamiento, vía recibo de Aguas de Lorca, se queda corto al cobrar «sólo» 50 eurazos, porque el déficit, que no el sobrecoste que parece dice el tal Benito, son los 8.800.000 € que todos los años tiene que inyectar el Ayuntamiento en Limusa para cuadrar cuentas, teniendo en cuenta -valga la redundancia- de que mis cálculos se hacen sobre una población de 90.000 habitantes, por redondear, y la real supera en algo esa cifra.

Que a saber si es real o hay sobrecostes, que es lo que todos nos tememos… En principio, sobrecostes de personal, sobre todo administrativo y salarial, está claro que existe. ¿O no?

FJ Álbarez-Fajardo Sastre, escribidor, no matemático.

P.D. Si en algo me equivoco admito las oportunas correcciones.

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