Cuando un Josepho enfila la linde…

Cuando un Josepho enfila la linde…

T witter se ha convertido en una herramienta de pura propaganda donde quien no está ahí no existe.

En semejante lugar hay de todo. Hay mayores y menos mayores; altos y bajos; rubios y morenos; rojos y fachas; tontos y tontos del culo.

En la tarde de ayer, tuve un rifirrafe con uno de los tipos que sigue esta revista, un tal Fray Josepho. El «fraile» en cuestión no es fraile ni nada que se le parezca. Es una mosca cojonera que todo lo tiene que criticar, especialmente si a algo relacionado con Catetonia se refiere el muchacho. La criatura, al parecer, y si nadie lo desmiente, es una especie de profesor/periodista/criticador/twittero/sabelotodo/escribidor que desde principios de los 90 anda dando el follón allá por donde puede darlo. Su nombre: José Aguilar Jurado, residente en Marbella, y como es de la vieja escuela no consiente que nadie lo tutee, ni siquiera por Twitter, aunque se esconda bajo ese seudónimo que lo mismo podía ser Felipe de Bélgica que Jesús El Zapo. El caso es que ni se le puede tutear ni se le puede rechistar, diga las tontunas que diga.

Criticaba el falso frailecillo (por criticar) a un tal Jaume Roures Llop que, para quien no lo conozca, es un archimillonario catalán propietario de entre otras, La Sexta, conocida por todo el mundo por La Secta.

Roures, personajillo con quien no me tomo las cervezas (suelo tener mejor gusto para eso), nació en la década de los 50 cuando las leyes españolas no admitían (a mi entender muy sabiamente, y a las pruebas me remito) la inscripción en el Registro Civil de nombres que no fueran españoles. Así, a los Thierry los obligaba la Ley del Registro Civil a españolizar su nombre y colocarle el sonoro nombre de Teodoro. Igual Ocurría con los hoy Eneko y entonces oficialmente Ignacio; o con los Jaume actuales que antes eran, forzosamente, por imperativo de la Ley, los Jaimes de toda la vida. O de toda mi vida, por mejor decir.

Igual ocurre con los apellidos, que con esta historieta de la «diferencia», las autonosuyas y otras cosas de mal comer y peor tragar, se pueden traducir e inscribir en el Registro correspondiente, tras el oportuno expediente, en una nota marginal, tanto el nombre como los apellidos que el fulano o mengano en cuestión ha tenido a bien, o a mal, traducir a su «lengua vernácula» o a su dialecto del lemosín, como es el caso, de tal forma que el ínclito Roures, independentista, rojo, antisistema, millonario y votante confeso de la CUP, nacido JAIME ROBLES LOBO, ha pasado a llamarse, oficial o extraoficialmente, que lo mismo me da, Jaume Roures Llop, que es la traducción exacta al lemosino dialecto catalán unificado, porque variedades dialectales del lemosín en Catetonia las hay por miles. Una en cada pueblo o comarca, que nada tienen que ver con lo que se estudia en los colegios, institutos y universidades de aquellas tierras del viejo Reino de Aragón, Reino cuya bandera usan oficialmente en los condados catalanes a los que el abogado del ex vicepresidente de la Generalidad catalana, republicano, llama «el principado». Cosas de republicanos de chichinabo, digo yo.

Pues aquí, al don José de Marbella, eso de que alguien haga uso de su libertad y de las leyes que lo amparan para ejercerla, le parece fatal, y que «yauma» se haya «catetonizado» nombre y apellidos es poco menos que un sacrilegio a sus ancestros. Digo yo que será mejor que llamarse Pepe y hacerse llamar Fray Josepho. Menos ridículo, si cabe.

Resulta que no. Que hacerle ver que cada cual se hace llamar (igual que él hace) como le salga de la huevera, tiene que contar con su visto bueno, y que si un Robles pasa a ser Roures, es un charnego que quiere camuflarse y que siempre será un puto charnego, supongo… Y a los que le decimos que la ley lo permite y que esa es su intimidad y su decisión personalísima se marca una respuesta de tonto. De tonto del culo, más bien, y se dedica, entonces, a insultarme por «defender» al tipo ese que ha hecho con su nombre, con su dinero, con su vida y con la libertad que ambos dos nos negarían a los demás (Pepe y Jaime) lo que le ha salido de los cojones, como hacemos los demás mientras nos dejen y sea legal. Fin de la cita.

Con todo mi cariño,

FRANCISCO JOSÉ ÁLBAREZ-FAJARDO Y SASTRE, escribidor para inteligentes.

 

 

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