D esde hace un tiempo, el concejal de Cudadanos, Antonio Meca, viene reclamando al ayuntamiento lorquino las cuentas relativas a la Semana Santa por haber tenido conocimiento extraoficial de presuntas irregularidades en la gestión de esos, y de otros, dineros públicos. Dineros que nos roban de nuestra cartera, como se ha demostrado en reiteradas sentencias, para que elementos que no contrataríamos ni para bajar la basura de nuestra casa los gestionen como si de ellos fueran, y de nadie más.

La foto que ilustra este artículo está enmarcada en el patio del Palacio de Guevara, donde normalmente se celebran los más importantes eventos por no disponer la ciudad de un lugar digno desde el derribo que el exalcalde Gallego ordenó del Ayuntamiento para construir el espantoso pastiche, la mierda de edificio que habrá que volver a derruir para que Lorca luzca un edificio digno de su historia y de su pasada grandeza, hoy diluyéndose en el sumidero del olvido, y que no me cansaré de repetir y denunciar. Nefasto alcalde donde los haya al que Miguel Navarro dio una patada en sálvese la parte para ponerse él y cometer las tropelías que cometió, que los propios jueces instruyeron y tuvieron que desinstruir por estar demostrado que los cometió pero que estaban prescritos.

Ni uno solo de los partidos del arco parlamentario ha exigido que los delitos cometidos por servidores públicos, como funcionarios y políticos, dejen de prescribir no sea que les toque a ellos y claro…

Para no irme por las ramas, saco a colación esa foto porque fue la primera vez que los dos presidentes de los Pasos mayoritarios, los mismos que, de momento, siguen al frente de ellos y mañana ya veremos, tuvieron que sacar del atolladero donde se había metido el entonces alcalde Quijales a propósito de otros dineros, en cantidades insultantes, que el Ayuntamiento estaba dando a una empresa privada en relación a los palcos de la Semana Santa. Otro despropósito que destapó Meca, además del anterior donde la empresa del padre de Laly Ibarra fue la encargada de montar las tribunas tras el fallecimiento de don José Cruz Ameyugo (Contenedores Jose), que ese año podía tener una cierta explicación por la premura de tiempo a pesar de que el consistorio dispone de personal técnico sobradamente formado para realizar dicha tarea, aunque sea de forma provisional. No se echó mano del personal municipal y se optó por darle los billetes al padre de la entonces concejal pepera.

Y es ahora, de nuevo, cuando en lugar de foto nos encontramos con una vergonzosa carta, firmada de puño y letra de los dos todavía presidentes, donde a preguntas, una vez más, del concejal Meca a propósito de unos dineros presuntamente distraídos, hoy sabemos mucho más del inframundo consistorial.

Mentira tras mentira, el musiquillo Meca, iba cerrando el círculo hasta el «entorno de la alcaldía», como no tuvo reparos en decir en el último Pleno municipal. En ese Pleno, al secretario general, Paco López Olivares, no se le cayó la cara de vergüenza al leer íntegra la que podrán leer los sufridos lectores de Tontolín en exclusiva, una carta que al menos desde esta mañana pasa de mano en mano de cofrades de los dos Pasos que a pique están de picarle la cabeza a «losabajofirmantes», valga la redundancia.

La primera respuesta «oficial» con la que pensaba Pencho Gil que se acabaría el conflicto surgido con ese palco, fue que, como el resto de palcos, estaba bajo la tesorería de los dos Pasos, algo que se encargó en primer lugar el defenestrado Andrés Espinosa Carrasco, en la asamblea general del Paso Azul, de que lo desmintiera el propio presidente, poniendo en evidencia al concejal de la cosa cultural, quien toda su vida tendrá que arrastrar el nombre de Agustín Llamas, y el apelativo de «mentiroso». Porque fue Agustín Llamas, en el Pleno anterior, donde a preguntas del concejal de Ciudadanos, con la solemnidad que otorga una respuesta en semejante lugar, aseguró, sin despeinarse, que la venta de las sillas de ese palco la hacían los dos Pasos «grandes».

El escándalo entre los azules estaba servido, como días después ocurrió en la asamblea Blanca.

Posteriormente, viéndose en un callejón sin salida tanto el alcalde como el todavía concejal de Cultura, aseguran, otra vez «oficialmente», que las sillas de esa tribuna no se venden sino que son entregadas a Protocolo de la alcaldía, es decir, a Javier Pinilla Peñarrubia, para su entrega a visitantes ilustres y otros sin determinar. Por la carta de ambos presidentes, sabemos que desde 1970 se venden por Protocolo municipal las sillas de Semana Santa situadas justo enfrente de la «presidencia». Lo que venimos en llamar los de la tierra «la contrapresidencia». Una venta que se hace «selectivamente». O eres afín o no hay silla. No hay más que ver las caras.

Cuando es el propio «jefe de la oposición» quien asegura que él mismo ha pagado por ocupar alguna de las sillas de la «contrapresidencia» y viendo a Meca pedir el cese fulminante de Agustín Llamas, acercándose peligrosamente al propio alcalde,  aparece, como por arte de magia, la carta que en el Pleno leyó Paco López Olivares a Antonio Meca, y a los demás presentes, firmada, al parecer por Lázaro Soto y por José María Miñarro donde no sólo no desmienten sino que corroboran que se venden las sillas «sobrantes», carta que por sí sola es delictiva, haciendo ver que hay una caja B en el Ayuntamiento de Lorca, que no pasa por Tesorería y que nadie justifica.

Como ya se va haciendo demasiado largo este artículo y la carta habla por sí sola, a disfrutarla y a pedir los ciudadanos lorquinos, y Blancos y Azules, Azules y Blancos, las responsabilidades a que haya lugar. Sólo espero que dicha carta, que, ella sí, mancha de forma vergonzosa el buen nombre de nuestras procesiones, no sea la respuesta a los trabajos que el Ayuntamiento ha encargado durante años a José María Miñarro, o a alguna concesión hecha a Lázaro Soto por el consistorio lorquino, con escándalo y querellas de por medio que, por cierto, han sido retiradas. No digo que sea por eso. Digo que la sombra de la sospecha no la elimina nadie por muchas razones que quieran dar, y de sospechar, de sombras y de dudas soy muy libre de tenerlas, y los lorquinos de bien, también.

Escribidor de Vuesas Mercedes, FJ Álbarez-Fajardo y Sastre.

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