La espantá

La espantá

A decir de algunos taurinófilos -digo yo que se dirá así-, Curro Romero es uno de los grandes de la Fiesta Nacional. De algunos. La mayoría, entre los que me encuentro, considera que es un ser patético por no haber sabido retirarse a tiempo de una profesión a la que NUNCA debería haber pertenecido.

Las espantás de Curro Romero fueron de antología. Daba vergüenza ajena. Mucha gente pagaba por ver al cobarde salir corriendo hacia el burladero con la mancha color marrón en la parte trasera del traje de luces negándose, demasiadas veces, a matar al toro que le daba de comer.

Había otros, los curristas, que hiciera lo que hiciera era SU Curro bien hecho estaba. Y punto. A decir de todos ellos, todas esas tardes en las que el «ídolo» daba el más bochornoso espectáculo se compensaba con lo que ha venido en llamarse «destapar el tarro de las esencias», que debe ser algo supremo, exquisito, que yo jamás vi, y algunas corridas (con perdón) he visto en mi vida.

En política, que es a lo que voy, ocurre algo parecido: o eres político de raza o eres un mierda, como mierda es la mayoría de concejales, concejalos y concejalas que en el muy hortera hemiciclo que ordenó construir José Antonio Gallego sientan sus reales.

Comprenderá el lector que no dé nombres. No hace falta. Quien quiera darlos y explicar por qué los da es muy libre de hacerlo al final de este artículo, donde pone «comentarios».

Que un concejal «liberado» cobre 2.500 euros netos al mes, la cama aparte, y los no liberados, es decir, los que no tienen otra responsabilidad más que acudir a alguna que otra procesión de pedanías y calentar el sillón del cutre hemiciclo construido en el mismo lugar donde vivía, gratis, un musiquillo de tercera de la entonces Banda Municipal -elevado digitalmente a músico de primera y destinado a un puesto de alto nivel en Cultura, mientras sus compañeros músicos eran empleados como conserjes- cobrando, estos últimos concejales -no el musiquillo de tercera, que cobra mucho más- 1.200 euros netos mensuales, es una aberración que jamás existió en época alguna.

Dirá algún subnormal que, claro, que en otros tiempos sólo eran concejales los señoritos de mierda. Algo parecido dijo una especie de concejal rojo cuando se negó a votar a favor de que el Centro Cultural, donde trabaja el musiquillo de tercera y que le precedió en el calentamiento del escaño por el Partido Comunista, llevara el nombre de, probablemente, el más culto e instruido de cuantos alcaldes ha tenido la Ciudad. Decía el tipo ése, matachín de profesión -tan digna como otra pero nada que ver con la cultura, ni con la historia, ni con casi nada, salvo con Curro Romero- que si se pone el nombre de un alcalde tiene que ser de uno elegido por el pueblo. Los demás, a tomar por culo, se supone. Los demás, aquellos que encumbraron a Lorca a lo que fue y de lo que no queda ya ni la sombra gracias, entre otros, a admiradores del Che como el matachín, no tienen derecho a que se perpetúe su memoria porque, según el lumbreras no fueron elegidos «por el pueblo». Señoritos de mierda, decía, o dejaba vislumbrar que sólo querían mandar. ¿Y él qué quiere? A ver si nos lo va explicando porque hasta ahora lo único que ha hecho ha sido cobrar y hacer el ridículo. En países como Alemania su partiducho no existiría porque representa lo más criminal de la historia, la ideología más nefasta y asesina desde que el mundo es mundo. Puro odio que destila por los colmillos.

El rojo no recuerda, porque no lo sabe, que en aquellos tiempos de los que tanto abomina, concejales había de todos los estratos sociales, no sólo señoritos, que también, pero señoritos como don José María Campoy, que no era matachín pero sí seguidor de otros matarifes como Curro Romero. No recuerda el rojo que, por citar un sólo nombre «del pueblo» fue concejal en los tiempos feroces del tremendo dictador un señor -un auténtico caballero, por cierto- que tenía una tiendecica de aperos de jardín al que conocíamos como El Perla. No confundamos con el otro «Perla», que luego me acusan de desinformar. Las cosas, claricas.

Dicho lo cual, que tenía ganas de contarlo, voy al meollo de la cuestión de esta Tontolinada, que no es todavía el de la plaza de toros sino el de la espantá que ayer protagonizó Antonio Meca y García, el todavía concejal-portavoz del Grupo Catalán en el Excmo. Ayuntamiento de Lorca, de la Mesa de Contratación municipal.

No es su primera espantá. Lo hizo, de forma preventiva, con su NO incorporación a la directiva de Aguas de Lorca con aquellas manifestaciones que hizo de que él no se sentaba con chorizos (presuntos).

O cuando entregó la medalla de concejal al enterarse de que se estaban lucrando unos tipos ajenos al Ayuntamiento con la «reventa» de las distinciones al propio Ayuntamiento, porque ser concejal es una distinción, un honor que el pueblo, de la manera que sea, te otorga. Hoy se hace en listas cerradas que de democráticas tienen lo que yo de Papa del Palmar de Troya -sistema del que tan orgulloso dice sentirse el rojo al que antes me refería, lo que ya nos da una idea de la «calidad democrática» que defiende y sufrimos-.

Lo que no se puede hacer es estar pero no estar. Aquí no porque no me apetece y allí menos porque pierdo el tiempo y me ningunean. Claro que te ningunean, porque de veinticinco concejales que hay en el Pleno, tu «Grupo» tiene uno. Uno de veinticinco. Hasta el rojerío tiene muchos más que tú. Mucha más representación. En las próximas elecciones ya veremos qué representación le otorga el borreguerío votante a tu «Grupo» pero, entretanto, estás SOLO y tú solo has decidido ser el azote de propios y extraños. Ya iba siendo hora de que alguien le echara cojones y se pusiera a sacarle los colores a diestra y a siniestra. Eso sí, los cojones se echan hasta el final. Y se echan estando ahí, fiscalizando desde dentro, porque para fiscalizar desde fuera -en mi caso sin cobrar ni un céntimo- ya estamos los medios de comunicación. Las espantás, pa los curristas. Los currantes curran, sobre todo si es con mi dinero, y curran en Aguas de Lorca, en la Mesa de Contratación y yendo a las procesiones, romerías y rogativas donde tengas que estar como representante de todos y cada uno de los lorquinos. Y en el Pleno. Y dando por culo. Todo eso, de principio a fin, porque no acatar las reglas del juego en el que has entrado voluntariamente, a mitad de partida no se vale, como diría aquel.

¿Sabes, Antonio Meca, cuál es mi frase favorita -y mi actuar-? Esa misma que estás pensando y que tantas veces me habrás oído: «Por mis santos cojones». Y mis santos cojones llegan hasta el final, y más allá si hace falta, para defender lo que es, lo que conozco y lo que creo y sé que es justo, me mate con quien me mate. Me la suda que sea un patán con título o cargo de lo que sea o un imbécil con ínfulas. Quien me conoce lo sabe muy bien. Tú has dado la espantá. No te pagamos para eso. Si no quieres sentarte con chorizos, la RAE tiene un verbo: DIMISIÓN. Yo lo he conjugado en todas sus variantes y no es tan difícil. Porque en política yo estaba antes de que tú siquiera soñaras con ser concejal. Y me fui conjugando ese verbo. Dejas paso a los que vienen detrás, que suelen ser más tontos, por eso van detrás, y te dedicas a ver los toros desde la barrera. O desde la andanada. O desde Tontolín, que es más cómodo. Te lo digo yo.

FJ Álbarez-Fajardo Sastre, escribidor.

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