D irá el lector de Tontolín qué significa el título. Cosital es el Consejo General de secretarios, interventores y tesoreros de administración local, es decir, los mandamases de los ayuntamientos, los que cuando los alcaldes, concejales y enchufados varios desaparecen, ellos siguen, para entendernos.

En Murcia, concretamente en el Ayuntamiento de Alhama, está la «sede» regional de Cosital.

Recordarán que el concejal Antonio Meca (no confundir con el otro Meca del que ya daremos cuenta en su momento) denunció ante el Tribunal de Cuentas que el interventor del Ayuntamiento de Lorca falta a su trabajo los jueves por la mañana en el consistorio lorquino para atender al de Beniel. Eso, que es radicalmente legal y que NADIE con dos dedos de frente puede cuestionar, choca con la legalidad cuando resulta que los jueves por la mañana el interventor de Lorca tiene que estar en Lorca, no en Beniel. Y cobra de Lorca y de Beniel por estar a la misma hora trabajando en ambos municipios a la vez, municipios distantes más de 80 kms. Es decir, que como decía en mi anterior Tontolinada, o el interventor posee el don de la ubicuidad, algo reservado exclusivamente para ciertos Santos de la antigüedad, o el tal Pepe Pérez, que así parece que se llama, tendría un pie en Lorca y otro en Beniel.

No sabría decir si es esto último lo que ocurre, que lo convertiría en más gigantesco que Sansón. Sería lo más sensato. El problema es dónde caerían los huevos del interventor, no vaya a ser que a algún paisano al que le quite la luz del sol con su sombra se cebe con ellos y pase de Sansón a eunuco.

Tampoco creo en gigantes. Ni en Colegios Profesionales. Lean la carta que el presidente de Cosital en Murcia vomita en defensa de su compi, que como él mismo dice, son NUEVE los interventores que hay en Murcia con habilitación nacional (que no roja, digo yo), nueve que caben, como el lector adivinará, en un monovolumen de estos modernísimos que hay ahora. Dice tal que así:

 

La carta, otra más que podríamos calificar «de la vergüenza», por su contenido y, sobre todo, por lo que no dice, va firmada digitalmente por el susodicho Re, firma que por la LOPD ha sido, evidentemente, eliminada para poder publicarla en su integridad.

¿Qué va a hacer el compi del Pérez? Lo que ha hecho: salir en su «defensa» dejando aparcado el código deontológico profesional aprobado en Salamanca el 14 de mayo de 2005. O miccionándose en él, directamente, convirtiéndolo en papel mojado, valga el juego de palabras.

Orinado y cagado dicho código por Pérez y Re, que más que dos profesionales al servicio del ciudadano lo que parece es una S.A., sólo nos falta ver cómo ambos dos se querellan contra quienes sacamos sus vergüenzas, recayendo, casi con seguridad, en algún juzgado que «sirva» el otro compi de copas. O de putas. O de parchís, que ni lo sé ni lo quiero saber ahora.

Es indignante, y los ciudadanos estamos muy hartos, que los que deben velar por la equidad, la excelencia, la justicia, la lealtad, la defensa de los valores democráticos… como dice su Código Deontológico, que es de obligado cumplimiento, se dediquen a lucrarse cobrando por un trabajo que no realizan, porque si los jueves por la mañana, desde 2011, Pérez se escaquea de su despacho de Lorca y se va a Beniel, a los lorquinos nos está estafando.

¿Y qué hace mi Penchico? Defender a SU interventor, ¡faltaría más! y poner a caer de un burro al hastiado Meca, Antonio, que está hasta los mismísimos de chulos y de prepotentes, algo que le va en el sueldo y de lo que no debería quejarse, mucho menos haciendo lo mismo, o parecido, que el tal Pérez: escaquearse, como él mismo se ha encargado de cacarear en redes sociales y medios de comunicación.

¡Que no tenemos remedio! Ni al Pérez le pasará nada. Ni al Re. Ni a mi Penchico. Nos pasará a los mensajeros, como ha sido costumbre de inmemorial.

En la próxima Tontolinada, que será pronto, hablaré del Sosa y la denuncia que le han puesto por criticar la MIIIIIIIIIIIERDA de obra adjudicada a la famiglia de la Lali Ibarra en Los Ángeles. ¡Y de la plaza de toros!

FJ ÁLBAREZ FAJARDO SASTRE, escribidor de Vuesas Mercedes.

Foto: La Opinión de Murcia

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