Tribunal de Cuentas versus interventor municipal

Tribunal de Cuentas versus interventor municipal

S i a algo se le puede llamar tontolinada, con minúscula, es al “chivatazo” que por parte de un profesional de la Administración he recibido respecto a las causas por las que el Tribunal de Cuentas habría decidido dar carpetazo a la denuncia interpuesta por Antonio Meca contra el interventor municipal de Lorca por faltar por sistema a su puesto de trabajo todos y cada uno de los jueves por la mañana de todo el año desde 2011.

Para quien no haya leído nada sobre el tema, en resumidas cuentas, el interventor solicitó, a quien debía concederlo, el permiso para compaginar su plaza en Lorca con otra en Beniel, de tal forma que los horarios de ambos no coincidieran, como parece lógico por aquello que decíamos de la bilocación, más propio del Padre Pío que de Pepe Pérez, a quien aprovecho para felicitar por su onomástica, faltaría más. A los demás Pepes, Josés, Josefas, Pepitos, Finas, Pepas y Peponas. También a los papás.

Aprovecho para recordar, una vez más, a mi padre, no sólo en su día sino en el de su cumpleaños. De estar vivo hoy habría cumplido 83. Quiero decirle desde aquí que él, que siempre quiso ir al infierno, igual que yo, no va a tener ocasión, si finalmente cumplió su deseo, de verme pulular por ahí. Ahora quiero ir a otro sitio -caprichoso que es uno-. En el infierno va a haber tantos de la exfamilia que más que infierno sería un sindios. Pa darme algo como me los tenga que encontrar y soportar toda la eternidad. Bastante he tenido ya…

Hecho el paréntesis, retomando el tema, habiendo comprobado, y demostrado, el concejal Meca que el interventor coincidía en horario, concretamente los jueves por la mañana, y viendo que en Lorca lo ninguneaban, como últimamente viene denunciando, a pique de la llantina, en redes sociales y a quien lo quiere escuchar, se dirigió al Tribunal de Cuentas solicitando amparo.

El Tribunal de Cuentas, que todavía no ha dicho oficialmente “esta boca es mía”, según mi informador estaría pergeñando la forma en que el interventor, los dos ayuntamientos y el Colegio de interventores -que ha entrado al trapo de la contienda con una carta que avergonzaría al más tonto de los leguleyos de esta santa patria-, salgan indemnes del apuro. O del delito. O de como se llame eso. Y la forma se resumiría en una doctrina que es la vinculación de los “actos propios de la administración”.

Dicho en Román Paladino, significaría que si los dos ayuntamientos no sólo han consentido sino que han salido en defensa del presunto infractor y lo han dejado hacer durante años, no existe mala fe por parte de ninguno y, a las malas, rectificarían el contrato de uno de los dos ayuntamientos para que no se solapen los horarios y aquí no ha pasado nada.

Es lo mismo que ocurrió con el archivo por parte de Patrimonio del Estado con la denuncia que yo mismo interpuse ante ese organismo referente a la titularidad del Castillo de San Clemente que, para quien no lo sepa, es lo que viene en llamarse popularmente Castillo de Lorca. A pesar de los indudables y apabullantes documentos oficiales que presenté acerca de la titularidad del Ministerio de la Guerra y de la cesión DE USO, que no la propiedad, de dicho castillo al pueblo de Lorca “para su solaz y recreo”, tomando en nombre de la ciudadanía posesión de éste el entonces alcalde constitucional. Años después el propio ayuntamiento de Lorca OFRECE LA TITULARIDAD A PATRIMONIO DEL ESTADO para la construcción del Parador, erigido el consistorio lorquino en dueño, amo y señor de un bien que nunca fue de su propiedad, y el legítimo propietario ACEPTA el “regalo”. Y es por esa misma doctrina de la vinculación de los “actos propios de la administración” cuando quien era un simple cesionario se erige en propietario y le cede la titularidad al verdadero propietario como si de un extraño se tratase, pasando sin más trámite el ayuntamiento lorquino a ser titular de un bien que nunca fue suyo.

Ya sé que es un poco lioso el tema, pero para que quien aún no lo haya entendido, yo de usted no le prestaría una casa a nadie ni para un fin de semana, no sea que se quede sin ella…

Así me lo han contado. Así lo he vivido en propias carnes. Así lo transcribo para quien lo quiera leer. Así son las leyes, para beneficiar al que no tiene vergüenza y perjudicar a quien lleva la razón. Justicia y razón no necesariamente van de la mano, sobre todo si se pone en marcha toda la maquinaria necesaria para que así sea. De eso puedo dar varias conferencias, por cierto, cada cual más surrealista.

FJ ÁLBAREZ-FAJARDO SASTRE, escribidor

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