Canto de la Pasión

Canto de la Pasión

V ictimae Paschali Laudes, (Secuencia; Introito Domingo de Resurrección), atribuido a Wipo de Burgundia, s. XI.

Canto de la Pasión, anónimo. Tradición oral, Murcia, s. XVIII (Reestreno).

Quem Queritis, anónimo. Tropario de Winchester (fragmento primer drama litúrgico conocido), s. XI.

Coordinación: José Alberto Fernández Sánchez y
Mariano Moserrate Cecilia Espinosa
Dirección Musical: Fernando Penalva Martínez
Colaboran: Raúl Pérez Bonmatí y Alicia Cartagena García-Alcaraz

El proyecto “Arquitectura tradicional y música popular” pretende llevar a cabo una simbiosis entre el patrimonio musical de transmisión oral y escrita del antiguo Reino de Murcia y la arquitectura de sesgo tradicional. Bajo estos alicientes se procura en esta edición la restitución del “Canto de la Pasión” en el marco incomparable del Claustro renacentista correspondiente al Palacio de San Esteban de Murcia.

La interpretación de esta música vocal en las madrugadas se correspondía con la existencia de una entidad religiosa, hoy desaparecida, a cuya nómina estaban adscritos los ciegos de la ciudad.

Este coro de invidentes acostumbraba ejecutar en las calles este canto en una doble vertiente: una propia del tiempo de Cuaresma, cuya temática reflejaba el asunto de la Samaritana, y otra exclusiva para el día de Jueves Santo. La amalgama de la música dentro de la estructura urbana es la que condiciona, precisamente, la elección de esta última pieza dada su particular adscripción, además, a un género de naturaleza oral particularmente pensada para su ejecución pública.

Además, se trata de una pieza desaparecida del repertorio musical popular por lo que resulta ciertamente emblemática para esta primera edición. La temática, frente al carácter bucólico de la cuaresmal, presenta un cariz de mayor intensidad dramática al recoger la despedida de Cristo de su madre antes de afrontar su Pasión. El asunto contó, de hecho, con un notable desarrollo en las artes plásticas (como evidencian las múltiples versiones que, del mismo, realizó El Greco) siendo reseñable, por otra parte, su marcado origen escénico.

En efecto, tal como afirma Louis Réau, “fue popularizado por los autos sacramentales […] e integrada al ciclo de los Siete Dolores de la Virgen”; de ahí pasó, una vez prohibidos estos dramas, a ser recitado y cantado en las calles por grupos corales. Se pretende, por tanto, que la interpretación cuente con un emplazamiento acorde a esta naturaleza teatralizada: este es el hecho que motiva, precisamente, la elección de la ubicación espacial en San Esteban. Así, este lugar ya acogió este tipo de representaciones teatrales durante la Edad Moderna siendo aún centro jesuítico.

Recogiendo los testimonios documentales de González Gutiérrez, “La despedida de la Virgen” formó parte del repertorio interpretado por los colegiales dentro del ciclo teatral desplegado en estos edificios formativos. Se trata, pues, de un marco idóneo y emblemático para llevar a cabo esta histórica reinterpretación cuyo reestreno, a la sazón, constituye una auténtica primicia dentro del ámbito musical regional.

Las obras que se van a interpretar guardan relación con la liturgia propia del Triduo Pascual y, al mismo tiempo, con las tradiciones vinculadas a éste a través del teatro y del drama sacro. De ahí que se presente el reestreno convenientemente contextualizado con un repertorio musical de innegable sesgo ritual y específica plasticidad popular.

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