¡Cuarto y mitad de aeropuerto!¡Marchando!

¡Cuarto y mitad de aeropuerto!¡Marchando!

Hemos asistido estos últimos días a la inauguración de lo que iba a venir en denominarse Aeropuerto Internacional Juan de la Cierva, magna obra a la par que inútil. Dinero tirado de todos los murcianos en el aeropuerto que se convertirá -si sobrevive- en la secundaria pista sur de El Altet. Ya no se va a llamar así (de momento) porque al parecer el inventor del autogiro era una facha redomado. Malo malísimo.

El edificio de la terminal del mini aeropuerto de Murcia-San Javier, que ningún daño ecológico-acústico ocasionaba en la zona (doy fe), será presumiblemente demolido. Es incluso probable que algunas de sus instalaciones alberguen un museo de aviones de época de la Fundación Infante de Orleans, que tanta raigambre tiene en la región. Incluso en regiones aledañas, como bien sabemos…

También sabemos que si algún guiri viene a Murcia es a ponerse morao a gambas congeladas, a sucedáneo de caldero y a inocular en su piel un futuro nada halagüeño, fruto de su exposición a un sol de justicia que riega la comarca del Mar Menor. Como si no hubiera un mañana.

Que la distancia entre (ese sí) aeropuerto internacional de Elche y el de Murcia (que no de la Región) sea de escasos 70 kilómetros sólo ocurre en ciudades de la dimensión de Londres o Nueva York cuyo tráfico aéreo exige no concentrarlo en uno sino repartirlo en varios. Eso sí, convenientemente unidos a la metrópoli mediante trenes lanzadera y autopistas. Ni Madrid tiene esa concentración de aeropuertos salvo que consideremos como tal el aeropuerto militar de Torrejón de Ardoz y alguno de chichinabo que podría servir para esos menesteres en caso de emergencia.

En la provincia de Murcia coexisten tres aeropuertos. Dos militares y uno civil. Coexistieron, hace 80 años, cuando la aviación era casi una broma, varios aeródromos más. Sin ir más lejos, en aquella Lorca asolada por esa guerra fratricida fruto de años de odio, personalismos, pucherazos, arengas incendiarias, latrocinio, muertes y persecuciones, «disfrutaban» del aeródromo del Salar -entre Lorca y Águilas- y del aeródromo de La Hoya -entre Lorca y Totana- cuyos hangares recorría quien esto escribe y suscribe, siendo un nano, junto a la casa de Clemente y Blasa, morada que también formó parte de los edificios del aeropuerto lorquino-totanero.

Digo con este mi escrito que, de haber sido los políticos pimentoneros verdaderos servidores públicos (je) habrían mantenido el convenio con Defensa para que quien quiera ir a la charca infecta en la que han convertido la laguna denominada Mar Menor -entre todos la mataron y ella sola se murió- aterricen a pie de playa. Y no habría estado mal que alguna cabeza pensante se acordara de la Murcia del sur, con otra «laguna», que ésta no es de agua sino de comunicaciones.

Definitivamente, estos tontos del puto que nos desgobiernan, tan solo mirándose el ombligo y malgastando los dineros que nos roban -legalmente, dicen- para sus dispendios, sus viajes a Suiza en aviones «gratis total» en aquella semi empresa de aviación murciana de la que ya nadie se acuerda y de la que igual nos depara alguna que otra sorpresa próximamente.

Escribidor de Vuesas Mercedes, FJ Álbarez Fajardo y Sastre

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