Siguen los prolegómenos

Decíamos ayer… que la intitulada María Luisa en Granada, Antonia en Lorca e «hijaputacabrona» en los juzgados acusaba a un amigo de mi padre (el que ella llamó desde ese momento «el innombrable») de haber envenenado a ambos con no se sabe muy bien qué intención. Porque para ese amigo, mi padre valía más vivo que muerto.

Para la que mi padre valía más muerto que vivo era ella…

El fin de la relación con la «hijaputacabrona»

En 2004/5, recordarán que el Ayuntamiento de Lorca intentó recalificar unos terrenos para construir varios resorts provistos de campos de golf. Uno de ellos se ubicaba, en parte, en una finca de nuestra propiedad.

Entonces, a pesar de que la relación con la tal María Luisa/Antonia/hijaputacabrona era más que fría, aún la ruptura no había llegado.

Y llegó el momento en el que para poder desarrollar el resort había que negociar el precio y las condiciones de la venta, permuta, sociedad o lo que fuere.

Me dirigí a varios promotores, aprovechando mi conocimiento de las compraventas, consiguiendo una propuesta que el promotor puede dar fe: una cantidad fija de dinero y el 34% en solar urbano ya urbanizado. La María Luisa recibe una propuesta de Eusebio Abellán con la misma cantidad de dinero y un 26% en solar urbano ya urbanizado.

Está claro cuál es la opción ganadora. ¿O no? Pues no, no está claro, porque mi propuesta es desechada en favor de la suya. ¿Que cómo es posible? Siendo. Y punto. En esa familia la lógica nunca ha existido, máxime si entre medias está la «loca» que hay en casi todas las familias que como no se haga su santa voluntad nos podemos dar todos por jodidos.

Como esa tía no daba puntada sin hilo, y yo sabía que nos estaba estafando, sin poder decir nada, me callé (hasta cierto punto) como las putas de antes y esperé a ver por dónde afloraba esa diferencia, porque el dinero siempre aflora por algún sitio.

Y afloró. Pero eso ya llegará porque ahora no toca.

El caso es que tras una acaloradísima discusión telefónica con ella, todo acabó con un sonoro !YAAAAAHTÁ! que como el sufrido lector verá es la palabra clave de la familia.

Nunca más volví a hablar con semejante personaja ni a tener con ella relación de clase alguna. Muerta y enterrada. Ni a misa. Era la gota que colmaba un vaso que venía sufriendo desde que mis padres le encomendaron cuando yo tenía 4 años que «me cuidara».

Lógicamente, si con ella no había relación, el calzonazos de su hermano, detrás. Y el resto de la familia en tercer grado y siguientes, lo mismo. Casi sin excepción. Pasé a ser el apestado de la familia, que era lo que la tal María Luisa/hijaputacabrona/Antonia/licenciadaenderechoporlauniversidaddegranada quiso desde el primer día en que volvió de Granada a humillarse ante su padre y ante los demás que supimos por qué volvía.

El final de los resorts fantasmas del Zambombo todos lo conocen: pan, pijo y habas. La que se las prometía tan felices se quedó con un secarral que sigue siendo un secarral, ahora con el cortijo hundido y la finca arruinada por falta de mantenimiento.

Y no ha tenido mantenimiento porque nadie ha hecho mejora alguna en nada de lo que forma parte de la herencia. Se han dedicado exclusivamente a expoliar como si no existiera un mañana. Para ella no existía. Ni siquiera sé dónde la han enterrado ni si la colocaron bocarriba o bocabajo. Me inclino por lo segundo.

Y por el momento, puesto que comienza la judicialización (otra vez) de la puta herencia y de los delitos que han cometido con motivo de su «administración», me limitaré a informar del día a día de lo que acontezca en los juzgados de Lorca, que tiene miga.

Lo de los juzgados y el Decanato es curioso: tres veces se ha presentado la demanda de división de la herencia y las tres veces ha recaído en… el juzgado número dos. Igual que tres veces hubo que presentar el mismo recurso en el juzgado de la sin par Marina Hidalgo Belmonte porque, ¡Ay, casualidad!, desaparecían los escritos por arte de magia. Alguno no pasó ni de Decanato…

Evidentemente, el primer paso ha sido recusar al juez y a la laj. Tiene su lógica: ellos ya conocen el asunto y ya ha existido una sentencia. La ley dice (con razón) que no puede «conocer» un procedimiento quien haya participado previamente en él. Así que ya les informaré si el juez y la laj se apartan voluntariamente o si hay que darle a ambos dos un empujón.

Servidor de Ustedes.

Francisco José Mora Sastre

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