Y deniegan la abstención…

Bueno, pues un figura llamado Miguel Ángel Soler López, saltándose no solo la abstención de la laj del juzgado dos de Lorca, sino la propia ley, dice que por sus cojones no acepta la abstención de María a pesar de ser ella misma, aplicando lo que prescribe el ordenamiento jurídico, abstenerse en un asunto donde no solamente tiene que hacerlo por vergüenza propia sino porque alguien que me ha asesorado, concretamente en julio de 2014, sobre el tema en el que ahora tiene que intervenir, no puede conocer la nueva demanda que es, básicamente, la misma en la que tantas veces, por omisión, me ha jodido la vida. Y no se lo voy a consentir lo diga el tal Soler o su madre, a la que no conozco (creo) y que harto trabajo tuvo en criar a semejante tipo.

Maria, entonces secretaria judicial del mismo juzgado donde ha «recaído», por tercera vez, que ya es casualidad, el tema de la puta herencia, me asesoró, porque así se lo pedí, sobre un tema del que formaba parte de sus competencias. Por eso ha pedido la abstención que ahora le deniega el figura apellidado Soler.

Y como buen atrabiliario, estoy hasta los cojones de que se me trate como una mierda cuando si en este asunto hay un ladrón se llama Ambrosio Luis Sastre Mora, y se llamaba Antonia Sastre Mora, hoy felizmente fallecida y, espero, disfrutando del infierno que merece sin lugar a dudas.

Ambos personajes a los que María y el juez de turno han consentido durante años robarme impunemente por sus santos cojines. Y todo porque el malo de la película soy porque ellos, los auténticos delincuentes, que me han falsificado, no una sino varias veces mi firma, como así he podido demostrar, se están dedicando a ponerme a los pies de los caballos.

El consejo

Alguien me decía: «No debes calificar a tus hermanos porque la gente se va a poner a su favor». Pues me la suda. Son unos hijos de la gran puta, ladrones, repulsivos y unos asquerosos desgraciados que no merecen ni el aire que respiran los que aún siguen vivos.

Espero y deseo que se pudran, en vida o en muerte, pero que se pudran. Que se jodan, y que se jodan y se pudran quienes los ayuden a seguir robándome impunemente, como ha hecho María y su compinche el tal juez titular del juzgado dos de Lorca del que en este momento ni me acuerdo de su nombre, ni ganas.

El caso es que el tal Soriano pretende que, una vez más, quien la ha cagado y quien se ha dedicado a joderme la existencia lo siga haciendo. Se equivoca, porque si por un casual ellos dos van a seguir dirigiendo mi vida y mi hacienda voy a dedicar lo que me pueda quedar en esta mierda de vida a joderles la vida, porque nada más me queda por hacer.

En su día los abogados que decían defenderme me obligaron a callar. Ahora no lo voy a hacer, y lo mismo que esos cabrones que dicen ser mi familia me ponen a parir para que nadie piense lo desgraciados, ladrones e hijos de puta que son ellos, voy a hacer que la verdad prevalezca, aunque me cueste la vida.

Al tal Soriano, al juececillo de Lorca y a su secretaria, mis mas repulsivos deseos. No es un delito de odio, que de eso habría mucho que hablar en la puta familia que me tocó en desgracia, es un deseo sin más. Es aquello de esperar pasar el cadáver de tu enemigo. Ya he visto alguno y espero y deseo que pase alguno más y que, de nuevo, pueda descorchar la correspondiente botella de champán. Francés, por supuesto.

Con mi asco y mi repulsión para todos ellos. Para todos.

Francisco José Mora Sastre

Sin comentarios.

Dejar un comentario