¡Qué Remedio(s)!

Sé que a cualquier persona normal y de bien le resultaría inconcebible situarse en la posición en la que, desde hace más de siete años, se han situado los protagonistas de este culebrón judicial.

Y también sé que es inaudito que pudiendo vivir sin más complicaciones que elegir el cocotero bajo el que cobijarse del tórrido sol caribeño, hayan elegido tutelarse bajo el palio del odio y la codicia, alimentados, cómo no, por quienes comparten vida diaria, incluyendo a sus excelsos letrado y procurador, que los están encaminando a un callejón sin salida.

Es sin salida porque mientras ese personajillo de opereta que dice defenderlos (supongo que de mí…), dizque hijo bastardo del conde consorte de San Julián, siga siendo actor secundario de este vodevil, esta historia no acabará.

Pero es que, tras el feliz desenlace mortuorio de la intitulada hijaputacabrona, viudo y huérfano de la ínclita tuvieron la ocasión de oro para encarrilar el tema, apartando definitivamente lastres que en nada les benefician y que en mucho les perjudican.

Benidorm, tierra de promisión

De haber sido medianamente inteligentes y de haber estado bien aconsejados, muerto el perro, al día siguiente, o al otro, cogen el coche y se plantan en mi humilde mansión benidormí con la bandera blanca por delante. Pero no fue así. Y no lo ha sido nunca. Dos años lleva criando malvas la hijaputacabrona y dos años llevan ellos cociendo la maldad que les dejó en herencia. Donde no hubo no puede haber…

Tan simple como «Paco, vamos a solucionar esto de una puta vez». Porque puta es la puta herencia, y puta es la que acompaña al tonto que la hijaputacabrona porteaba. Puta en el sentido figurado, igual que figurada es la expresión del «tontolputo», que alguno hay.

Pero no. En lugar de portar bandera blanca y de buscar un abogado de verdad, y no una ensoñación de tal, que les hubiera dicho aquello de «más vale un mal acuerdo que un buen pleito», y que les hiciera ver que, en base a la realidad y a la documentación van a ir perdiendo juicio a juicio, propiedad a propiedad de las que me han robado (sí, robado, porque lo han hecho con premeditación, alevosía y violencia), se habría acabado todo esto, yo no estaría poniendo negro sobre blanco lo chorizos que son y no estaríamos dando carnaza a todos esos hijos de puta que tantísimo están disfrutando viendo cómo nos despellejamos.

Lo curioso es que, por mi parte, no me estoy despellejando por propiedades sino por vergüenza torera, por pura y dura dignidad. Si estuviera luchando por propiedades le puedo asegurar al sufrido lector y al hijoputa que tanto disfruta con la desgracia ajena que con las migajas que han pretendido dejarme, casi por caridad, podría vivir como dios el resto de mi vida y me habría olvidado de esa gentuza hace muchos años.

¿Y qué han conseguido? Querellas, demandas, enfermedades, muerte, agonía, odio desmedido contra quien nada les ha hecho…

Querellas, entretanto la justicia nos consideraba «hermanos», parecía imposible. Pero hay un cambio, y ese cambio es que hay un fiambre que ha dejado viudo y huérfano contra los que poder querellarme. Porque contra esos dos desgraciados sí que puedo querellarme. Y así lo he hecho. Porque esos desgraciados han decidido injuriarme y calumniarme, como mínimo, por escrito.

Hasta ahora se habían ido librando, amparados bajo el paraguas de que «la justicia no admite querellas entre hermanos por ciertos temas», pero es que esos dos ni son mis hermanos ni son nada. Son escoria. Basura. Puta y pura basura. Y ahora sí que admite querellas aunque la «justicia» de Lorca se haya afanado, con la complicidad de la fiscalía en muchos casos, en archivar «provisionalmente» todo cuanto presento. Lógicamente, para algo están los recursos y la Justicia (con mayúscula) fuera de las garras podridas de Lorca.

Imagínese la fiscala jefa que yo a ella, personalmente, la acuse de haber robado joyas y de haberlas vendido por Internet. De haber desvalijado de enseres y mobiliario la casa de sus padres y de haber vendido el botín, de nuevo, por Internet. De acusarla de ser lo peor de este mundo y de haber, poco menos, que abandonado a su suerte a sus pobres padres a pique de morir de inanición por su mala actuación. Acusarla de «dejación familiar» porque a ella, a la fiscala jefa, la han trasladado a 200 kilómetros de donde habitan sus padres, es decir, que se ha tenido que ir a buscar la vida a 200 kilómetros porque en Lorca no hay trabajo para ella.

Si yo a la fiscala jefa, o a cualquiera que no sea fiscala jefa, la acuso de todo eso y de más cosas, sobre todo basándose en mentiras falaces, en dimes y diretes, le aseguro al lector y a la fiscala jefa que ahora mismo no podría escribir esto porque en el chabolo seguro que no me permitirían tener acceso a Tontolín que, recuerdo, es únicamente apto para gente inteligente.

Y aquí es donde viene el problema: todo este culebrón está protagonizado por tontos y rebozado en mierda. Pues a tragar y el populacho a disfrutar.

Otro día, más.

Servidor de Ustedes.

Francisco José Mora Sastre

Sin comentarios.

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