El plante de los secretarios

Resulta, mi sufrido lector, señoras y señores, damas y caballeros, señorías y demás habitantes del planeta justicia, que recordarán que quien esto escribe y suscribe había recusado a juez y secretaria del juzgado dos de Lorca, y que ambos propusieron su abstención, es decir, que consideraban que ellos no eran quiénes para volver a intervenir en algo ya juzgado por ellos mismos, tal y como la ley exige.

El pasado día 28, ambos nos habían convocado a las partes a una comparecencia para dirimir qué formaba parte de la «masa hereditaria», o lo que es lo mismo, de la puta herencia.

Recordarán que un juez de la Audiencia Provincial se negó tanto a acceder a la recusación como a la abstención de quienes, con exquisito criterio, solicitaron ser apartados del procedimiento.

Y lo que no sabe el sufrido lector es que dicha convocatoria, en lugar de anularse siguió en pie. Y debía anularse porque quien convoca debe ser el órgano legalmente establecido para ese fin y, evidentemente, el juzgado que ya juzgó no lo es.

¿Que cuál es el juzgado competente? A saber…

Dentro del plazo de recursos, una secretaria judicial, que interviene en la actualidad en la querella que les decía, decidió que aquello seguía en pie y nos emplazó a las partes a desplazarnos a Lorca desde nuestros respectivos domicilios, sito el más cercano a una hora de coche. Desplazarnos para nada, porque esa convocatoria era ILEGAL.

No fuimos, y solo se presentó en mi representación el procurador y, por parte de ellos, el suyo, su magnífico y pimpante letrado y supongo que alguno de los buzos de la parte contraria. O todos. No lo sé ni me interesa.

Previamente, al saber que la que nos citaba era la secretaria que está ahora mismo inmersa en la querella que por injurias presenté en Benidorm y que fue trasladada a Lorca, como dice la ley, no puede intervenir en este procedimiento y tuvimos que recusarla. Con esa recusación, la ínclita hubo de apartarse pero al carecer de autoridad para resolver intentó que la secretaria titular (también recusada y auto apartada) dijera esta boca es mía. Y no dijo ni pío. Se abstuvo y punto.

Y hete aquí que se ponen a buscar secretarios judiciales en Lorca. Y ninguno accede a entrar en semejante disparate. Unos porque ya han «conocido» partes del procedimiento en sus respectivos juzgados y su obligación era abstenerse (que son la mayoría) y otros por amistad o enemistad manifiesta con alguna de las partes. El caso es que ningún secretario judicial de Lorca se hizo cargo de un tema que olía regular tirando a podrido. Y todo por las prisas de algunos en llegar a un final rápido que no se va a producir.

Finalmente, dado que eran ya más de las dos y que no había dios que firmara la suspensión de lo que se tenía que haber suspendido automáticamente con la abstención de juez y secretaria, entretanto se resolviera su recusación (aún hoy no se ha resuelto), un secretario de dios sabe dónde resuelve que se suspende y dice que es por conformidad de las partes.

Y una mierda, secretario, de conformidad nada porque ahí estaban el Pernías y sus engañados erre que erre con que había que celebrar esa ilegalidad.

A él le corre prisa por dos motivos principales: El primero es por cobrar cuanto antes. El segundo porque, al ser septuagenario, a saber lo que le queda de vida y sabe que no va a llegar a ver el fin. Siete años luchando para que disfrute de lo ganado su viuda y huérfanos…

Tiene que joder eso. Ver cómo se las prometía tan felices cuando me llamó a mi casa de Valencia para hablar «de noble a noble» y encontrarse con que la nobleza era baturra. Cuando hay una cosa que se llama dignidad y la parte contraria desconoce semejante término, se enquista todo hasta el punto de poder hacer con esta cosa llamada herencia un anuncio de los conejitos de Duracell, porque éste es el juicio de Duracell. Los juicios, mejor dicho. Y los que aún no están presentados o iniciados.

Y por aquí me ando, a la espera de la resolución del juez ése de la Audiencia, que imagino que estará en el equivalente a la Academia Sánchez aprendiendo a contar para no volver a meter la pata con los plazos judiciales. Me refiero a la resolución de la recusación que se presentó a principios de septiembre, hace dos meses ya. Cuando me llegue, prometo por mi conciencia y honor informale, querido lector, y queridos hijos de puta que tanto disfrutáis con estas historietas. Algunos tenéis la vida muy vacía. Os vuelvo a recordar, y no me cansaré de ello, que Tontolín es apto únicamente para gente inteligente, una gente que en el planeta justicia, y en la calle en general, parece que cada día escasea más.

Todavía estoy esperando que alguien de la «familia» me llame para preguntar cómo estoy o si necesito algo.

También estoy esperando a que me informen de si mi madre sigue viva, porque hasta la fecha sólo me han llegado rumores de terceros.

Y de que me digan dónde está enterrado mi padre, ya que se empeñan en que pague un nicho que nunca se tenía que haber comprado. No es por nada, ni por racanería ni por gaitas, sino porque mi padre dispone de un confortable panteón en la vecina localidad Águilas donde está enterrada toda su familia. Se trataba solamente de pedirme la llave.

O de pedírsela a la Maruja Sastre, que era la que tenía la otra llave y que jamás ha utilizado ni para llevarle una flor a su tía María a la que tanto decía querer y de la que decía ser la heredera universal. Es curioso, porque es mentira.

El heredero universal era su primo Pedro Miguel. Y después su prole. En su defecto, lo era su prima Juana (Mari para los amigos, que es más fino). Y después toda su prole. Finalmente, varias decenas de puestos por detrás, la Maruja Sastre.

Pero así es como se escribe la historia. Ella la conoce y por eso no se ha dignado no solo a llevarle una flor sino a ordenar que alguien quite las telarañas del panteón. Si está Paco, que lo haga él… Como de costumbre.

La llave la sigo teniendo.

Besos a casi todos.

Francisco José Mora Sastre

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