Feliz, feliz en tu día…

Feliz, feliz en tu día…

Querida Titi:

Hoy es 17 de noviembre. Hace 81 años que naciste en aquella casa del Carril de Zenete donde el «abuelo Megel» tenía la barbería y donde la abuela decidió que aspiraras tus primeras bocanadas de aire.

Hace más de dos años que, cachonda tú, un 18 de julio del 18, decidiste que ya no merecía la pena seguir sufriendo. Tú, hija de un rojo, y no de un rojo cualquiera que, como dice la tía Agustina, habría sido un alto gerifalte de la República, de haber ganado la Guerra el bando perdedor, vas y nos abandonas, en plena batalla judicial, el día en el que se conmemora el Alzamiento Nacional.

Justamente hoy he conseguido ver, por fin, tu certificado de defunción. Ya sé que estás muerta, por fin, porque salvo el pésame del amigo Pío y un comentario al respecto de tu cuñado don Juan del Amor, varios días después de aquel fatídico 18J, no habría sabido nada de ti, salvo habladurías. Ya te puedo hacer el duelo que tus hijos me negaron. Sólo me falta saber dónde te enterraron. Lo sabré, como muy tarde, el 18 de julio de 2023, el día del quinto aniversario de tu enterramiento que Sanidad obliga a guardar para poder abrir tu nicho, recoger las cenizas de mi padre y enterrarlo con su familia en mi panteón de Águilas, como ya adelanté en este mismo medio.

Tú, que nada tienes que ver con ese panteón ni con las cenizas que pusieron a tus pies, te quedarás donde estás, donde decidieron tus hijos sin consultarme, salvo que ese día decida otra cosa. O no pueda cumplir con lo que escribo por causa de fuerza mayor.

Hoy habrías cumplido 81 años, casi libre de ataduras, de maltratadores, de psicópatas y de hijos de puta. Y digo «casi» porque ya no queda «casi» nadie de los que no te dejaron ser tú misma.

En Benidorm quedó tu habitación sin nunca haberla ocupado. También quedó libre en Alicante. Y en Valencia. Y en Doña Inés, donde pasaba los veranos.

Viviste tus últimos años secuestrada, con la única compañía de una ecuatoriana a la que vi una sola vez, cuando tus hijos te permitieron que, tras la muerte de «Dios», tu marido, mi padre, me recibieras en tu casa, bajo la estrecha vigilancia de aquella desconocida.

Y digo bien: en tu casa, porque la pagaste tú. Y la cagaste tú también… Pero eso es un tema que se verá en los tribunales, esos a los que siempre, incluso con la cabeza perdida, te negaste a llevar el tema de la puta herencia.

Ahora, estarás viendo, desde donde estés, que nos estamos matando por no haber hecho las cosas en condiciones. Permitiste, sin ser consciente de ello, que tus hijos te mangonearan, te robaran, te secuestraran y te envenenaran.

Viviste tus últimos años pensando que tu hijo, quien esto suscribe, era un cabrón. Sé que hay mucha gente que lo piensa, y lo piensa porque no me conoce. Porque ha escuchado solo una parte de la historia. Porque he estado demasiado callado durante eternos años.

Te informo, si no lo sabes ya, que tus queridos hijos utilizaron un poder a un presunto abogado que no hiciste para utilizarlo contra mí.

Pero, mira por dónde, hoy te voy a hacer el mejor regalo. Hoy he presentado en los juzgados de Lorca una querella contra tu hijo Ambrosio. Lo he hecho porque junto a tu hija Antonia, o María Luisa, o como coño se llamara, me falsificaron mi firma varias veces. Porque la utilizaron en su único beneficio. Porque con ella dieron (al principio, ahora es evidente que no) la impresión de que todos estábamos a una en la administración de la herencia, engañando a diestra y siniestra siempre para lucrarse él, su hermana y algunos más.

En el regalo-querella, van de complemento tu nieto Alejandro Martínez Sastre y tu yerno Bernardino. Es el legado que tu hija les ha dejado. También aquellos que sean beneficiarios del latrocinio «a título lucrativo», es decir, las parejas de cada uno de ellos. Incluso aquellos que con su ayuda (bienintencionada o no) han colaborado en el expolio.

Y ahora, querida Titi, alarga el brazo y dale de hostias a la que se intituló ante un juez, e hizo que la titularan, HIJAPUTACABRONA.

Felicidades.

Tu hijo.

Sin comentarios.

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