Aviso a navegantes

Dice el dicho popular que año nuevo, vida nueva. Y así debería ser.

Lo digo, dirigiéndome directamente a padre e hijo, que sé que me leéis, para que tengáis clara cuál es mi postura, y cuál ha sido siempre.

No soy ni vuestro amigo, ni vuestro familiar, ni soy nada vuestro. Tengo la puta desgracia de tener que soportar vuestro aliento en mi cogote, con el asco que eso me supone, igual que a vosotros os pasa lo mismo.

Estamos condenados a soportarnos mientras estemos en esta guerra que no queréis que acabe, porque mientras mantengáis a ese cabrón que os sigue engañando prometiéndoos que me vais a robar impunemente lo que no es vuestro, la guerra no terminará nunca, ni por mi parte ni por quien me sustituya en ella. De eso ya me encargué hace años. Si yo soy mal enemigo, peores son los que vienen detrás de mí. No os arriendo las ganancias…

Vuestros delitos actuales probablemente no os vayan a llevar a la cárcel, salvo que de lo actuado por la justicia se compruebe que no habéis cumplido con vuestro deber. Un deber estipulado en una falsa comunidad de bienes donde mi firma falsa, y lo conseguido gracias a ella, llevará directamente a Campos del Río a un tal Ambrosio Luis Sastre Mora.

Y a su ruina, si no lo está ya, porque a diario me llaman a mi teléfono fijo preguntando por él, empezando por La Tienda en Casa y terminando por alguna que otra entidad financiera, preguntando por él de malos modos y preguntando también por algo de lo que vosotros, salvo que se me demuestre lo contrario, sois cómplices o autores, que es la CB de la asesoría, por la que también preguntan algunas entidades financieras.

Vuestro delito ha sido, hasta el momento, el de contratar como abogado al perniles ése, y hacer piña con quien creíais (supongo que ya no) que iba a ser el vencedor de la guerra, para conseguir una mayoría que ahora sí lo es pero que fue ficticia mientras aprovechasteis la enfermedad mental de mi madre para usurpar su identidad, la misma usurpación que, salvo que me demostréis lo contrario, estáis haciendo en la actualidad ante la AEAT, porque imagino que algún documento habréis firmado (lo único que sé es que yo no he firmado nada) tras la muerte de mi madre y de vuestra madre y ex mujer (la intitulada hijaputacabrona) para «legalizar» ante la administración tributaria la falsa comunidad de bienes que fue denunciada el pasado mes de noviembre, esta vez vía querella, para que Adolfo y la paca no vuelvan a ciscarse en los tribunales de justicia como hicieron con la anterior . Esta vez no.

La AEAT, a través de Miguel Sánchez Ferrándiz, a pesar de mis escritos solicitando esa información sobre lo actuado ante ese organismo tras el 18 de julio de 2018, ni se ha dignado a contestarme. Al juez sí le va a tener que dar explicaciones, las que a mí me niega de forma indecorosa. Vuelvo a decir qué pensará su padre, don Antonio Sánchez Leonardo, sobre la asquerosa actuación de su hijo en todo esto, conocedor de que está actuando como lo está haciendo.

Llegado a este punto de no retorno en cuanto a la falsa CB de la que formáis parte y de la que vais a tener que responder, los dos, ante la justicia, y de la que de las actuaciones que el juez incoará, se verá cuál es vuestra responsabilidad , civil o penal, porque una de las dos tenéis. O las dos. Con la civil os vais a cagar. Con la penal, ni os cuento. Igual, de actuar ahora como dos tíos os libráis de la segunda. De la primera ya os adelanto que ni por encima de mi cadáver. El que la hace, la paga, y vosotros la habéis hecho, por acción u omisión. Ya se verá.

Dicho lo cual, puesto que esta guerra acabará (si la sobrevivimos, que lo dudo) con todo repartido entre costas judiciales, abogados, procuradores, peritos, administradores, contadores-partidores y demás buitres carroñeros, y con nosotros, todos nosotros, con una mano delante y la otra detrás, si es que no nos la tenemos que comer antes de hambre, si fuerais medianamente inteligentes cogeríais el coche y hora y media después de eso os plantaríais en mi casa, porque sabéis perfectamente dónde vivo, y como ya os dije otra vez, con la bandera blanca por delante, sin perniles ni pernilas por medio, y sin esperanza alguna de encontrar aquí a un amigo, sino al enemigo que simplemente os recibe para solucionar al menos lo que a nosotros corresponde para no volvernos a ver nunca más, salvo que algo me ocultéis.

Y para que eso ocurra, os doy de plazo 15 días naturales desde el momento exacto de que esto se publique. De no ser así, os espera la ruina y la cárcel. La ruina ya casi la tenéis por vuestra buena cabeza. La cárcel… de vosotros depende.

El otro subnormal tiene ambas cosas prometidas. Es lo que ocurre cuando la codicia y la avaricia, acompañada de buenos consejos de esos consejeros de los que os habéis rodeado os han arrastrado. Enhorabuena. Os va a ir estupendamente en la ruin vida que os pueda quedar.

Con todo mi desprecio, os espero en mi casa antes de 15 días con la única esperanza de que os vayáis cuanto antes para ir despiojándola. Mi aprecio ni lo tenéis ni lo tendréis nunca, pero al menos os libraréis de mí de por vida, que no es moco de pavo.

Reedito el 7 de enero de 2021: Dado que Lorca va a quedar confinada por orden de la Consejería de Sanidad y, por tanto, no se puede salir de su término municipal, salvo causa tasada (que no es el caso) mantengo los 15 días de plazo pero en este caso hay dos opciones:

1.- Que por conducto notarial me envíen cuñao y retoño una propuesta que no pueda rechazar. Repito: que no pueda rechazar. Se pueden evitar ambos ciertos epítetos, suponiendo que sepan lo que significa.

2.- Que alguien que viva en la Comunidad Valenciana tenga a bien acudir a mi chalé de la sierra, lugar donde habito desde el inicio de la pandemia, y en nombre y legal representación, con poder bastante de ambos, me haga la propuesta correspondiente de tal forma y manera que no tenga que volver a saber nunca más de su asquerosa vida. Y ellos de la mía, que puedo asegurar no es tan repulsiva como la suya.

Francisco José Mora Sastre, de carácter atrabiliario y cagador profesional de muertos de profesionales.

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