Sobre la academia Sánchez

No, si cuando digo que estoy atontao… Sufrido lector: ¡La academia Sánchez NO EXISTE, IDIOTA! Lo de idiota no se lo digo al lector, me lo digo a mí mismo.

Tan convencido que estaba de que el ínclito Calero había aprendido ya a contar…

Nanai, el juez de la cosa esa llamada Audiencia Provincial de Murcia, encargado de hacer las cuentas de si presenté o dejé de presentar el escrito de recusación del juez extremeño y de la secretaria almeriense no ha aprendido todavía a contar ni con los dedos (de la mano y de los pinreles, por si le faltaran sólo de las manos).

Lo de contar es con el único fin de comprobar si entre finales de agosto y principiando septiembre se había, o no, pasado el plazo dentro del cual podía yo recusar a ambos dos, como afirmaba el jiennense Calero.

Pues, definitivamente no, no ha aprendido todavía. Ahí sigue la criatura, erre que erre, intentando buscar los VHS de Barrio Sésamo donde enseñaban esos menesteres, porque debo decir que yo estaba equivocado, que me he quedado más atrás que el rabo en las cosas lorquinas (por suerte) y que la academia Sánchez, como decía, no existe, con lo que el juzgador de causas ajenas lo tiene chungo, como así se demuestra dado el tiempo pasado entre agosto y enero para que el muchachico sepa ya si ha contado o no ha contado debidamente.

Tampoco, para su desgracia y la de sus administrados, ha podido hacer uso de la no menos conocida y prestigiosa academia de don Roberto Pelegrín, el padre de Maite, de Roberto… El bueno de don Roberto cerró también y nadie siguió impartiendo clases particulares que tanta falta le hacen a algunos.

Me dicen que la Pérez de Lema sigue en marcha. Si el juez quiere que le pase la dirección no tiene más que escribirme a info@tontolin.com y con mucho gusto le pasaré el contacto. Incluso el número de teléfono y todo.

No insistiré más en el tema, no vaya a pensar que lo estoy llamando inútil y se me querelle, que ya es lo que faltaba: abrir el décimo octavo proceso judicial, como si con 17 no estuviera entretenido.

Además, hoy no me apetece escribir más.

Eso, que no hay noticias del Calero…

Besos de tu cari.

Francisco José Mora Sastre, doctor en leguyería, antiguamente «profesor Mora» para el perniles, ése que me quería poner un piso para hacer guarreridas españolas (entre nobles, eso sí), cuando me quería dorar la píldora y me agarraba del brazo de paseo Corredera arriba/Corredera abajo.

Sin comentarios.

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